DESILUSIÓN
DESILUSIÓN
Caminaba cabizbajo, con las manos
metidas en los bolsillos del pantalón, mientras la lluvia que no parece lluvia
lo calaba. Daba igual, más calada estaba su alma por las lágrimas que llovían
hacia dentro.
Pensaba en la negativa que
acababa de recibir.
Había estado volando con las alas
prestadas de la ilusión y, de repente, las alas se habían esfumado. Ya no
volaba. Volvía a arrastrar sus pies por el gris sucio de la realidad.
Tenía tres gatos. Si no tuviera
tres gatos, se suicidaría. En algún momento había pensado en suicidar a los
gatos con él pero, no podía engañarse, sería asesinato y no era capaz, no era
capaz de fallar a sus gatos.
Hacía tiempo que sabía cómo lo
haría. Hacía tiempo que tenía preparado todo lo necesario para ese día en el
que decidiese que ya estaba demasiado harto.
Vivir cansa. El ser humano se
había equivocado al buscar vivir tanto tiempo de más. Aún por encima, se juzga
el suicidio. Claro, me jodo yo, tú también. Parece algo así. Masoquismo total.
Suicidarse no es de cobardes: seguir viviendo de rodillas sí es de cobardes.
Nadie ha pedido nacer. Nadie ha
pedido esta vida. Todos tenemos derecho a decidir que se acabó, que ya hemos
tenido más que de sobra, que ya no queremos más, nada más que desaparecer.
Una sonrisa se bocetó en su
rostro al pensar en su epitafio:
“No llores por mí; llora por ti que te quedas en este infierno terrenal”.
FIN
©Sofía Coppa
#sofíacoppa
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